Cambio de frente en ETB
Jorge Hernán Peláez
Hace unos días la ETB presentó sus estados financieros correspondientes al período 2024. La compañía está en las últimas. Pierde plata sostenidamente hace nueve años, se encuentra apretada de flujo de caja y sus principales competidores en el mercado son multinacionales de otro tamaño financiero. La ETB cuenta actualmente con cuatro sindicatos que a lo largo de los años, con diferentes negociaciones colectivas, han logrado beneficios laborales inverosímiles y exóticos para la realidad actual de la industria. El costo laboral está hundiendo la compañía, y es bien conocido que los procesos operativos tienen muchas opciones de mejorar, hay por dónde reducir tiempos en servicio al cliente y se requiere una revisión total para optimizar, acabando con cuellos de botella.
Un proceso similar vivió hace más de 20 años Telecom, la extinta Empresa Nacional de Telecomunicaciones que terminó cooptada y desangrada por un sindicato que bordeaba lo delincuencial. La única salida para el gobierno fue la liquidación de la compañía, una forma burda, pero jurídicamente eficiente de acabar con el sindicato. El expresidente Álvaro Uribe Vélez firmó el 12 de junio de 2003 en horas de la noche el decreto 1615 ordenando el cierre de la empresa. La decisión venía acompañada de una asesoría legal, financiera y de estrategia profesional liderada por la firma internacional McKinsey & Company.
El nuevo presidente de la ETB, el exministro Diego Molano Vega, tiene hoy unos obstáculos adicionales. La presencia de los accionistas minoritarios, el Concejo de Bogotá y los distintos entes de control, hacen muy difícil que Molano haga lo mismo que Telecom. En mi opinión, sin embargo debería intentar hacer algo similar, antes de tener que llegar a una situación de insolvencia que lleve a la ETB a quedar en manos de un agente interventor de la Superintendencia de Sociedades. Lo que sí ha hecho Molano es analizar y revisar las diferentes alternativas jurídicamente viables.
Para solventar los problemas de caja a corto plazo hay varias opciones. Un camino contraintuitivo es emitir acciones en bolsa. Dado el precio irrisorio del título actualmente, es probable que el mercado de valores tenga inversionistas que quieran entrar a un precio muy bajo. Esa sería una forma de fondear la crisis. Otra alternativa es financiarse con alguna de las otras empresas de servicios públicos del distrito, por ejemplo, el Grupo Energía Bogotá. Lo más urgente es reducir el sobrecosto laboral junto a encontrar sinergias hasta llegar a números más razonables. La semana pasada cerca de 100 trabajadores salieron de la nómina, la mayoría presentaron su renuncia voluntaria, entendiendo que no serán los únicos en un camino que apenas se comienza a recorrer.
Otra alternativa es crear nuevas unidades de negocio para ampliar el portafolio y atraer nuevos ingresos. Plataformas educativas, tecnológicas y servicios digitales serán presentadas por Molano en la próxima asamblea de accionistas en marzo. Si no hay este tipo de decisiones dramáticas, la empresa no llegará a final de año con vida. Una compañía que pierde diariamente más de $1.000 millones, en un mercado tan ajustado como el de las telecomunicaciones, no va a sobrevivir. Esto se trata de cambiar o morir.
LA REPUBLICA